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Todos SOMOS es una revista que trata los más diversos temas del ámbito personal, social y familiar desde el punto de vista de la psicología, exponiendo con un lenguaje claro y conciso cuáles suelen ser las causas y las soluciones más habituales para la problemática tratada en la actualidad.

En estas páginas podrás ver las portadas de todos los números aparecidos hasta el momento, así como sus índices y una serie de artículos seleccionados para que puedas apreciar el contenido general de la publicación.

Todos SOMOS desarrolla temas de salud, relaciones, educación, cultura, ocio y calidad de vida

 
 
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Equipo Directivo
Editora y Directora:
Mª Carmen Álvarez González
Subdirectores:
Antonio P.Pérez Jiménez
Isabel Vázquez Salinas
 

NÚMERO 5
DIMENSIONES: 15x21cm.
PÁGINAS: 52
PRECIO: 4,5 €

 

NÚMERO 5
SUMARIO
Cerebro y conducta
Hombre y mujer ¿Cerebros diferentes?
Educación
El reto de educar ante las nuevas pantallas
Entrevista
Lorena Van Heerde: Miss España
Vértices
Comunicación no verbal, el lenguaje del cuerpo
El dibujo: un reflejo de la personalidad
Experiencias vitales
En mi vida de pareja(5)

Vivir la guerra(1)
Cuando el dolor asfixia y mata
Relaciones
¿Por qué se rompen las parejas?
Actitudes del hombre y la mujer después de la ruptura
de pareja
Amar a la persona inadecuada
Generaciones
La maternidad consciente en el siglo XXI
La voz del lector
Preguntas y respuestas.
Sexualidad
Las relaciones sexuales: estrategias para disfrutar
Calidad de vida
El mundo del dinero: la bolsa
Para gustos están los colores

 
 
 
 

¿Por qué se rompen las parejas?
Mª Violeta Recio Brasero. Psicóloga y terapeuta de familia y pareja

Soy una mujer, como tantas otras, que creía en mi pareja. Teníamos discusiones de novios, pero siempre pensaba que una vez casados sabríamos afrontar esos pequeños conflictos. Que aprenderíamos a ceder, a no ser tan testarudos...
Pasaron los años y no salió como pensaba, sino que para evitar disgustos mayores, tanto mi marido como yo, dejábamos correr el reloj para así no discutir. Al igual que pensaba que con el matrimonio cambiarían las cosas para mejor, me llené de esperanzas e ilusiones con la llegada de los hijos. Mi marido se volvería más responsable y se centraría más en la familia. Pero, sin embargo, los hijos agravaron la situación en la que nos encontrábamos. Si antes nos costaba resolver nuestros problemas, ahora se añadió la distinta forma de plantear la educación de los hijos. En muchos aspectos teníamos criterios diferentes y ese era el que queríamos imponer porque nos parecía el mejor. Se que los niños se aprovechaban de la situación y hacían siempre lo que querían.
Muchas veces, desesperada, he pensado en poner punto y final a nuestra vida en pareja, pero siempre me he frenado por los hijos, ellos necesitan crecer con sus dos padres.

Errores más comunes

1. Pareja significa la fusión de dos
El término "pareja" es definido por el diccionario de la Real Academia Española: "Conjunto de dos personas, animales o cosas que tienen entre sí alguna relación o semejanza y especialmente el formado por el varón y la mujer".
Desde el plano psicológico la Pareja implica algo más ya que está formada por tres componentes o subsistemas:
· El componente formado por el varón,
· El componente formado por la mujer y
· El componente formado por el conjunto de ambos.
Ninguno de los tres componentes debe de ser olvidado ni descuidado para que su vida en común sea lo más eficaz. Tanto el subsistema del varón como el de la mujer debe ser respetado y, en ningún momento, debe ser invadido por el otro miembro de la pareja. El problema surge cuando, con la unión de la pareja, olvidan los espacios individuales que aportan cada uno, y creen que la vida de pareja comienza desde el momento que dejan de pensar y actuar como personas autónomas mas la suma de sus individualidades, para pasar a pensar como equipo de dos.

 2. Distanciamiento de la pareja
En todas y cada una de las parejas hay que hacer frente a los problemas cotidianos, pero cuando se enfrentan a cómo hacerlo, suelen aparecer tensiones. El mayor error que se suele cometer es dejar que el tiempo resuelva los problemas, manteniéndose pasivos ante los conflictos, para evitar así echar más leña al fuego. Esto conlleva que los miembros de la pareja vayan tomando cada vez caminos más dispares, independientes el uno del otro, distanciándose así en su vida como pareja, y llegando a producirse que sólo tengan en común sus hijos.

¿Cómo afrontarlo?
Para evitar caer en dicha situación hay que tener en cuenta las formas más adecuadas de hacer frente a los problemas cotidianos:
· Sentarse tranquilamente y hablar del problema, nunca huir de él.
· Buscar alternativas, soluciones, para superar las dificultades de la forma más conveniente. cada uno debe buscar dos o tres alternativas que crea puedan resolver el problema con el menor dolor para todos, y explicar al otro el por qué cree que esas soluciones son las más adecuadas.
· Negociar la solución que toma cada uno, en el caso de que cada uno vea formas diferentes de resolver el conflicto.
· Aceptar todas y cada una de las consecuencias que conlleve hacer frente al problema. Nunca reprochar al otro.

3. Diferencias en la educación de los hijos
Cuando existen grandes diferencias individuales en cuanto a valores, metas, objetivos a alcanzar, expectativas, etc. en cada miembro de la pareja. De alguna manera, esto va a influir en las expectativas que cada uno tiene de la pareja y, como consecuencia, va a afectar en su forma de educar a los hijos.
La educación de los hijos puede convertirse en un arma de guerra entre la pareja para imponer su autoridad, sus valores y sus objetivos. Con ello se enfrentan a los criterios de su pareja, aumentando de ese modo aún más las diferencias y las discusiones entre ambos

La desilusión y el desencanto
Son, entre otras causas, los principales motivos que llevan a la pareja al desinterés y al fracaso.
Todas las personas cuando emprenden el viaje hacia la creación de una familia, vuelcan todos sus esperanzas en que sea un viaje lleno de placer, alegrías, ilusiones realizadas... y, para el resto de sus vidas.
Pero, a medida que la pareja camina junta, ésta debe ir evolucionando, de acuerdo a las necesidades que la nueva situación requiere. Se van modificando las expectativas iniciales por otras nuevas. Siempre y cuando esas nuevas expectativas hayan sido generadas y renegociadas por ambas partes, todo irá en buena dirección; pero, generalmente, lo que ocurre es muy distinto.
Habitualmente, cuando la pareja emprende la relación de convivencia, se encuentra con algo desconocido y se frustra por ello. Creían que iba a ser como se imaginaban y, si no es así, sufren una fuerte decepción.
Ante dicha decepción, la pareja toma caminos diversos, muchos de ellos equivocados, llegando a un punto en el que, el sentimiento que les hizo unir sus vidas, sufre un giro de 180 grados; y lo que en un principio era amor, ilusión, satisfacción, etc., el hecho de compartir sus vidas, les lleva a un punto en el que únicamente les unen los hijos y la costumbre del día a día. Pero, realmente se sienten solos, vacíos, cansados de luchar por mantener el entusiasmo del principio, del que a veces sólo quedan recuerdos bonitos.

Pero ¿por qué ocurre eso?
En la gran mayoría de las parejas, durante su periodo de noviazgo, su relación se reduce a salir solos o en compañía de amigos, a tomar unas copas, divertirse y compartir parte del tiempo juntos, pero ese tiempo a compartir lo dedican a ir al cine, hacer algún deporte o actividad, pero no dedican parte de ese tiempo a charlar para conocerse más profundamente, saber sus gustos, metas, valores individuales de cada uno, así como las metas y los valores para compartirlos en un futuro. Por lo tanto, cuando unen sus vidas tras la convivencia, se encuentran ante un perfecto desconocido/a.

Pero ¿cómo hacerlo lo mejor posible si tenemos valores y criterios dispares?
El secreto está en no olvidar nunca que:
· El hijo o los hijos no son un instrumento más de guerra, sino que debe ser el medio para ceder por ambas partes en bien de él.
· La negociación debe ser una herramienta de uso diario cuando se presenten puntos diferentes.
· Los hijos crecen y a medida que se van desarrollando, van teniendo sus propios valores, expectativas... por tanto, deben opinar y hay que dejarles que tomen decisiones propias. Nunca hay que olvidar sus expectativas.

Falsa creencia
Permanecer juntos como pareja por el bien de nuestros hijos. Muchas parejas desde el principio de su convivencia parecen desdichadas, no tienen nada en común que los una a excepción de los hijos y, aunque se les pasa por la cabeza la idea de separarse, siguen permaneciendo juntos por dos razones fundamentales:
1. Porque no sufran los hijos.
2. Porque uno de los cónyuges se resiste a que se de por finalizada la vida en pareja, y prefiere seguir así aunque esto conlleve sufrimiento para todos.
Y, aunque es cierto, que un divorcio afecta mucho a los hijos y hay que procurar evitarlo por todos los medios, intentando encontrar soluciones a la situación. También hay que tener en cuenta que el vivir en tensión, constantemente oyendo como discuten sus padres, los hace sufrir más, ya que el seguir manteniendo una vida de pareja destructiva, cuando hay hijos por medio, puede dar origen a sufrimientos mayores y más dolorosos en los hijos, los padres y en la relación de pareja.

¿Se pueden encontrar soluciones?
Toda pareja, que se unió por amor, sufre ante el fracaso afectivo que se produce cuando se deteriora una relación. El trauma emocional que supone toda ruptura y sus consecuencias personales y familiares, entre otras, lleva a defender todas las posibilidades que permitan mantener la convivencia. Por tanto, siempre que exista alguna solución se debería, en primer lugar, buscar la ayuda necesaria para encontrar el modo de resolver los conflictos que alteren la vida en pareja.
En todo este proceso, tanto si fuera o no posible restablecer la relación, los padres han de intentar, pacíficamente y sin chantajes emocionales, reducir el sufrimiento de todos, en sus intentos de resolver la situación. Para ello, siempre que sea posible, se debe:
· Renegociar la relación, intentando encontrar salida a la situación de ambos.
· Buscar el equilibrio entre las necesidades personales de cada miembro de la pareja, las necesidades comunes de la pareja, y entre las responsabilidades que conllevan los hijos.
· Crear nuevas ilusiones y expectativas, personales, profesionales, de aficiones, amigos...
· Centrarse en situaciones positivas que surjan en el entorno familiar y de pareja. Aún se pueden encontrar puntos de encuentro cuando se empieza a ver a la otra persona con tolerancia y entendimiento.
· Valorar cualquier intento de cambio.
· Si nada de esto es posible y se decide la ruptura, de igual manera, se debe considerar llevarla a cabo mediante una negociación equilibrada y madura.