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Todos SOMOS es una revista que trata los más diversos temas del ámbito personal, social y familiar desde el punto de vista de la psicología, exponiendo con un lenguaje claro y conciso cuáles suelen ser las causas y las soluciones más habituales para la problemática tratada en la actualidad.

En estas páginas podrás ver las portadas de todos los números aparecidos hasta el momento, así como sus índices y una serie de artículos seleccionados para que puedas apreciar el contenido general de la publicación.

Todos SOMOS desarrolla temas de salud, relaciones, educación, cultura, ocio y calidad de vida

 
 
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Equipo Directivo
Editora y Directora:
Mª Carmen Álvarez González
Subdirectores:
Antonio P.Pérez Jiménez
Isabel Vázquez Salinas
 

NÚMERO 23
DIMENSIONES: 15x21cm.
PÁGINAS: 52
PRECIO: 4,5 €

 

NÚMERO 23
SUMARIO
Cerebro y conducta
Lenguaje y realidad
Educación
El principito destronado
Escuela de padres
Vértices
Alerta con las alergias
Protagonista
Richy Castellanos:
El mundo del espectáculo
Relaciones
Tu y Yo. Juntos e iguales
Encuentros
· Aquí y ahora. Las vacaciones de Belén
· Arte en el hospital
· Más sobre el mundo de la cárcel
· Premios "Toda una vida para mejorar"
· AFAEPS y Rosa Montero
Generaciones
Síndrome del nido vacío. Cómo afrontarlo en pareja
Sexualidad
Sexualidad masculina. Claves de la conducta sexual en los hombres
Ocio y Calidad de vida
· Agenda. Sugerencias sobre cine, teatro, arte y exposiciones
· Biblioteca. Los libros que te pueden interesar
· Viajes. La Viena de Freud
· Moda. El lenguaje de los vestidos a través de la historia
· Nutrición. Consejos sanos para el verano
· Bienestar. Método Pilates

 
 
 
 

LA SEXUALIDAD MASCULINA
Pedro Adrados Vázquez
Psicólogo. Colaborador del Centro de Estudios sobre la Condición Masculina

Los seres humanos damos sentido a nuestras experiencias en el encuentro con ‘un otro/a’ en un contexto sociocultural concreto. Obviamente, la sexualidad no se substrae a esta afirmación.
Los modelos científico-biológicos, explicativos de la sexualidad humana, son útiles para conocer los diferentes aspectos de su morfología y dinámica neuro-fisiológica.  No obstante, estos modelos se quedan cortos cuando se trata de dar cuenta, por ejemplo, de los diferentes conceptos de sexualidad a lo largo de las distintas culturas y momentos históricos, o de las diferencias que muestran hombres y mujeres respecto al deseo y orientación sexual, al acercamiento erótico y a las relaciones afectivas.
En cambio, los modelos antropológico y sociológico de la sexualidad humana destacan su relativismo sociocultural. Este concepto tiene que ver con que la conducta sexual no es fruto del instinto sino que está en gran parte moldeada por el aprendizaje.
D. Gilmore, en su libro “Hacerse hombre. Concepciones culturales de la masculinidad” *, comenta que los sambas de Nueva Guinea, pasan por una fase de homosexualidad ritual, en la que como prueba de ‘hombría’, son obligados a practicar la felación a un adulto, no por placer, sino porque creen que el semen ingerido supuestamente les proporcionará la ‘semilla’ de su creciente masculinidad. Ni que decir tiene que esos ritos serían vistos en nuestra sociedad occidental con otros ojos. Este ejemplo, nos muestra cómo un acto sexual concreto, puede ser visto bajo dos perspectivas completamente distintas.
*Paidós 1994

VIVIR la SEXUALIDAD
Podemos pues convenir, que una cosa es lo que nos viene dado, nuestro sexo biológico - y sus correlatos neuro-fisiológicos - y otra cosa muy distinta son los significados que construimos socialmente en base a aquel. Estos significados estarán condicionados como vemos, por distintos factores: cultura y momento histórico, género, edad y estatus socio-cultural.
Bajo una perspectiva de género, la sexualidad humana aparece como la condensación en una persona y sus acciones, de su manera particular de vivir su experiencia como hombre o como mujer, de percibir su sexo biológico y sus deseos y de ponerlos en la acción de pensamiento o interacción. Todo ello resulta en una compleja trama de identificaciones, exigencias y prohibiciones, organizada como identidad personal que sostiene el lugar femenino o masculino de cada uno.
Hablar de lo masculino y lo femenino desde una perspectiva de género implica realizar una primera afirmación: las culturas construyen los modos de “ser mujer” y de “ser varón”. Al decir de Simone De Bouvoir “la mujer no nace, se hace”. Podríamos extender la misma idea hacia la construcción del varón: no nace sino que se hace.
Cada varón, producto de su socialización, se identifica con los modelos a los que está expuesto desde su infancia ¿Y cuáles son esos modelos? Pues aquellos en los que se fomentan la heterosexualidad, el coito, el orgasmo, el placer exclusivo de los genitales, la falta de acercamiento y preparación sexual, la ausencia de expresión de sentimientos y de empatía, la obligación de ‘ser activo’ y ‘potente’, etc.
En definitiva, la sexualidad masculina no escapa a las actitudes, conductas y valores que se le suponen al varón en el resto de esferas de su vida: demostrar, aparentar, no mostrar sentimientos, ser capaz, ser duro y fuerte, reduciendo los encuentros íntimos y afectivos al único fin de consumar el coito.
En una sociedad androcéntrica como la que vivimos, ser reconocido como varón supone convertirse en representante del modelo genérico prestigioso, en la cara racional, pública y acreditada. Como contrapartida, el modelo femenino representa la cara emocional, doméstica y devaluada. Una prueba de que el modelo masculino es el triunfante es observar cómo nuestras jóvenes adolescentes están adoptando los mismos patrones de conducta que los varones.
En nuestra cultura el deseo es cosa de hombres, una ventaja que le permite al varón vivirlo como positivo, (pues para él supone una prueba más de confirmación de su virilidad),  y al hacerlo lo potencia favoreciendo su excitación y el orgasmo.
Además auto-erigirse en protagonista del encuentro sexual, resulta en principio muy cómodo para el varón, ya que: hace prevalecer su propio deseo y respuesta sexual; tiene que dar pocas explicaciones acerca de los propios sentimientos; no se molesta en saber cómo, cuándo y dónde le apetece a su compañera realizar el acercamiento y el acto sexual...

Aprendizaje masculino

· Valorar únicamente las necesidades sexuales propias
· No aceptar un ‘no’. Presionar con el abandono si no se accede a la relación sexual
· Mostrarse activo y potente
· Ser y aparecer experto sexual
· Valorar la penetración vaginal como única forma de encuentro sexual
· Disfrutar sexualmente sin responsabilizarse de consecuencias
· Creer que la responsabilidad de la crianza es de la mujer
· Ejercer un rol fundamental de proveedor
· Ser independiente económicamente

 

Respuesta del Modelo Permisivo

· Idealizar la sexualidad, desconocer necesidades y formas de expresión propias
· Aceptar la relación coital para no perder su pareja
· Mostrarse pasiva y sumisa
· Ser y mostrarse inexperta sexual
· Valorar encuentros románticos y sexuales, pero creer que al hombre sólo se le da placer con coito
· “Expiar” la culpa del coito con el embarazo y esperar que el hombre la proteja
· Sentirse únicas responsables de la crianza de los hijos
· Basar su identidad personal y social en el ser para alguien: madre, esposa y dueña de casa
· No ser totalmente independientes económicamente

El MODELO MASCULINO

Ideas para una sexualidad más satisfactoria e igualitaria

  • La sexualidad no es únicamente coito o penetración. Una relación puede comenzar de forma muy sutil: una mirada, un ligero roce, unas suaves caricias
  • Saber acariciar y saber disfrutar con las caricias son habilidades susceptibles de aprendizaje y de entrenamiento, que cada persona ha realizado en distinta medida a lo largo de su vida. Esta aptitud tiene una clara relación con la facilidad de cada persona para comunicarse con los demás, puesto que no podemos olvidar que la sexualidad es una forma de comunicación.
  • Si como vemos, la sexualidad es una forma de comunicación, el tener en cuenta a la otra persona, el conocer cuáles son sus deseos y expectativas, qué es lo que le gusta y lo que no, el aceptar otras opiniones o puntos de vista, se convierten en premisas necesarias para una relación equilibrada e igualitaria.
  • Es conveniente que cada uno se responsabilice del propio placer, sin que deba ser el compañero sexual el que se sienta en la obligación de proporcionarlo. Sólo en este supuesto podrá compartirse plenamente.
  • La sexualidad no es un comportamiento autónomo, que se vive al margen del resto de las esferas que componen la vida de una persona. Por ejemplo, alguien que está viviendo una crisis profesional, puede sentir un descenso en  su deseo sexual, pero en cambio, necesitar un plus de empatía y cercanía afectiva. Entender esto supone contemplar una sexualidad más completa, más realista y saludable.
  • Es difícil para el varón no atender a los mandatos culturales, porque paradójicamente todos necesitamos la aprobación social para sentirnos autónomos, adultos y autosuficientes. Por lo tanto, no se trata de ser impermeable a lo que se espera del varón, sino cambiar los propios modelos con los que se identifica. Así, se hace necesario deconstruir los valores asignados socialmente a ‘lo sexualmente masculino’.
    Las motivaciones que sirvan de motor para ese cambio, pueden ser varias. Por un lado, el tomar conciencia de que la sexualidad masculina subordina a la mujer al papel de objeto de deseo. Obviamente, de deseo masculino.
    Otro motor de cambio lo puede representar el visibilizar que  el modelo masculino de sexualidad tiene unos costes. Costes que a menudo, pasan desapercibidos para la mayoría de los varones.
    Una de estas contrapartidas es la autoexigencia constante (por que eso es lo que se espera de un auténtico ‘hombre’), de la demostración de su virilidad en la cama. De esta forma el sexo esclaviza al varón, disfrazado de lo que más le apetece.
    Además, continuamente se presentan a los varones modelos inalcanzables (Casanova, Don Juan y los actores porno) que exigen: tamaño, potencia, promiscuidad y eficacia. Todo esto, puede devenir en frustración y en la sensación de que no se está dando la talla, con el añadido de que no se puede mostrar debilidad frente a los otro/as, por lo tanto hay que ocultarlo o compensarlo con más actividad, que sirva para demostrar que es capaz.
    Los hombres debemos analizar críticamente nuestra práctica sexual, porque además de beneficiarnos de una sexualidad más saludable, estaremos siendo más justos y respetuosos con las personas con las que mantenemos relaciones sexuales. En éstas, el consentimiento debe ser la base fundamental. Más aún, la práctica sexual requiere de una negociación verbal explícita. Requiere de preguntar/decir: "¿Te gusta esto?", "¿Cómo te sientes?",  "Me gustaría hacer (esto o aquello); ¿Quieres hacerlo tú también?".
    En esta línea se encuentra la última definición de salud sexual de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para quien un funcionamiento saludable y un uso apropiado de la sexualidad, es un concepto cultural relacionado con un sistema de valores. Los valores que contempla esta definición de la OMS son: acuerdo mutuo, satisfacción de ambos, y conocimiento y aceptación de la sexualidad del compañero/a en general.
    Todo esto conduce a tener una mejor relación sexual. Al hablar y compartir construimos confianza, lo que a su vez construye pasión. El sentirnos seguros/as, y el control de nuestras opciones, puede ser algo muy excitante [Weinberg and Biernbaum]. Y esto construye intimidad y dualidad sexuales.